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Colombia: ¿A Sép7imo Día le hacen falta vitaminas?

El espectáculo del Circo del Sol con música de Soda Stereo logra sorprender al público, pero puede dejar dudas en los grandes fanáticos de Cerati.

Sin duda el reto de dar vida a las canciones de Soda Stereo era enorme, el carácter abstracto y críptico de las letras escritas por Gustavo Cerati implicaba un gran riesgo para cualquiera. De todos modos Sép7imo Día (No descansaré) ha generado muchísimo entusiasmo entre el público, que ha encontrado en el espectáculo una oportunidad de reencuentro tras diez años desde el último concierto de Soda y tres años desde la partida del genio.

L’Assoiffé (el sediento) es el joven que aparece al comienzo para echar a andar una historia que se va desdibujando con el paso de los minutos. Con el riff en 7/8 de (En) el séptimo día, el muchacho se libera de la opresión y se sumerge en el universo de Soda Stereo, sin embargo, progresivamente las cosas empiezan a complicarse. El líder de Soda no utilizó su música para contar historias concretas, su estilo apuntó siempre a emociones e imágenes abiertas a la interpretación de sus audiencias, tal vez eso implicó un obstáculo mayúsculo (y aparentemente insalvable) a la hora de estructurar el show.

Circo del Sol Septimo Dia

No era fácil materializar de esta forma la obra de Cerati, y uno también tiene derecho a preguntarse si era necesario. En nuestra opinión no, pero habitamos un mundo en el que las fuerzas del mercado pueden hacer tambalear hasta lo más sublime.

Cada uno de nosotros lleva años (o décadas) con una interpretación propia de esas canciones, por eso cuando un tercero trata de darles forma corre el riesgo de decepcionarnos, y eso es lo que ocurre en muchos momentos de este Sép7imo Día. “No queríamos usar tanto la cabeza, sino el corazón”, dijo en su momento Michel Laprise, director de la obra. Precisamente eso era lo que los seguidores de Soda Stereo hacíamos con esas canciones que nunca necesitamos entender porque preferíamos sentir, sin la necesidad de imágenes o explicaciones externas.

Con un montaje sorprendente y lleno de hábiles artistas escénicos y acróbatas, el espectáculo parece moverse entre la obviedad (las ingeniosas pantallas de Sobredosis de TV o la flor de En remolinos), la simpleza (las proyecciones y la “animadora” en Cuando pase el temblor), lo incomprensible (la gran rueda en Signos) y la genialidad (el estanque de Hombre al Agua, la chica de Luna Roja o la mujer que pinta en Un Millón de Años Luz).

También hay momentos absolutamente genéricos que podrían funcionar en cualquier montaje del Circo del Sol sin necesidad de utilizar la música de la banda más grande en la historia del rock iberoamericano; el chico con el diábolo en Persiana Americana es seguramente el mejor ejemplo. Aunque el espectáculo sorprende, se siente muy irregular en términos conceptuales, a pesar de ser un show impresionante en sus momentos más elaborados.

Habría sido interesante que las estéticas de la puesta en escena se hubieran ajustado a la evolución constante que Soda mostró a lo largo de su carrera; eso era algo que evidentemente se traducía en sus ropas, instrumentos y videos en cada etapa, y eso acá parece haberse pasado por alto. Basta recordar el video de De Música Ligera para confundirse al ver aparecer unos acróbatas caracterizados como punks ochenteros saltando al ritmo de semejante himno.

“Cuando tienes problemas, puedes escaparte a este lugar”, dijo Laprise en alguna rueda de prensa. “Si pones música de Soda Stereo y cierras tus ojos, esta música es más fuerte que todo”, añadió. Eso seguramente es cierto, y Sép7imo Día funciona como escapismo, como celebración o punto de encuentro para los fans acérrimos y los menos expertos, pero no hace justicia a la obra de Cerati.

Fuente: Rolling Stone Colombia.

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